He tenido ocasión de ver la famosa película. Tengo que confesar que me senté en la butaca con una ligera inquietud, porque juntar dos temas como la guerra civil y el fundador del Opus Dei, que casi siempre han levantado tantas polémicas en la opinión pública, puede resultar una mezcla explosiva.

Al final de la proyección me quedé con la sensación de haber visto una película muy buena. ¿Gustará? Eso me lo sigo preguntando; a mí me gustó mucho.

¿Cómo se presenta la guerra civil? Creo que Joffé intenta dar un mensaje muy claro sobre este tema. Fue una pelea entre hermanos, y lo mejor para España sería hacer todos los esfuerzos posibles para no abrir las heridas que tanto están tardando en cicatrizar. La guerra pasó, y el régimen político que siguió también ha quedado atrás. Los problemas de España son otros, y no tendría sentido que siguiéramos decantándonos por uno de los dos bandos. Ahora formamos un único bando, con todas las diversidades políticas, realidades nacionales y peculiaridades culturales que se quiera, pero en paz. Protejamos esta paz; no la estropeemos ni la debilitemos con polémicas absurdas, porque eso no serviría para nada. Perdonemos las afrentas que sufrieron nuestros padres, aunque los culpables no hayan pedido perdón. Este es el mensaje que leí en la película de Joffé, y estoy de acuerdo.

¿Y cómo ve a San Josemaría Escrivá? Lo valora enormemente. Presenta a un sacerdote muy humano; una persona que aprendió a sufrir en su más tierna infancia, y que representa el modelo de la conducta más adecuada frente a las calamidades de la guerra. Yo diría que lo eligió como el personaje que encarna la actitud que quiere promover: alguien que perdona, que se pone en el lugar del otro y que trata de comprender por qué hace lo que hace. No renuncia a sus convicciones, pero sí a la venganza; sin pretender justificar lo injustificable, evita condenar a sus agresores, y consigue que los que le rodean no respondan con la violencia.

No creo que, si alguien va al cine con ideas demasiado fijas, cambie su opinión sobre la guerra o sobre el santo. De hecho, dudo que vaya al cine, si sus ideas fijas son demasiado negativas. Pero si el espectador no tiene demasiados conocimientos, o si los que tiene no son demasiado fundados y tiene la honradez suficiente para reconocerlo, entonces se sentirá profundamente atraído por el fundador del Opus Dei, y fácilmente querrá saber más; especialmente si tiene en cuenta que la visión de San Josemaría que da la película, es la que se ha formado un agnóstico que se autodefine trotskista, de manera que queda muy lejos cualquier sospecha de partidismo o de distorsión intencionada de la realidad.

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