LA GRAN HISTORIA DE TOLKIEN

El Señor de los Anillos es una de las historias que ha cautivado a más lectores en toda la historia de la literatura. Tan pronto como salió a la venta alcanzó una rápida y extensa difusión en muchos países, hasta el punto de que se convirtió en un verdadero fenómeno social.

Ciertamente, también tiene sus detractores. Algunos intelectuales pusieron el grito en el cielo cuando los resultados de diversas encuestas entre lectores en lengua inglesa encumbraron a esta obra de Tolkien como la más influyente de la literatura del siglo XX en esta lengua.

Pero no es mi propósito detenerme a considerar estas opiniones. Tal empeño por desacreditar una obra que sigue gustando a tantos aun casi sesenta años después de su primera edición, me parece poco menos que un insulto a tantos millones de personas que hemos disfrutado con su lectura. Y desde muy pequeño me enseñaron que a palabras necias, oídos sordos, con lo que estoy convencido de que sería inútil tratar de darles una respuesta.

Me basta con que el libro me haya gustado y con tener a otros con quienes intercambiar impresiones sobre los aspectos, personajes y episodios más interesantes. Como lector, tengo bien experimentado que cuando un libro llega al corazón de alguien, esa persona siente como la necesidad de comunicar a otros esa pasión y tiende a buscar a otros que compartan sus mismos gustos y aficiones literarias.

Cuando se trata de Tolkien, es muy fácil encontrar por todas partes a otros que lo admiren, y con frecuencia se puede entrar en contacto con verdaderos apasionados. En mi caso, puedo decir que con la primera lectura de esos libros se consolidó mi afición a la literatura. Más adelante, pienso que es probable que hayan tenido una cierta influencia en mi modo de reflexionar. Otras novelas han influido en mis opiniones acerca de cuestiones muy diversas, pero no estoy tan seguro de que en los otros casos pueda decirse que hayan afectado al modo de plantearme las preguntas y a la manera de razonar para llegar a una respuesta. Quizás también han tenido su papel en este aspecto, pero en todo caso, ninguna obra literaria me ha afectado tanto como El Señor de los Anillos.

Es posible que eso se deba en la mayor parte al hecho de que he leído este libro más veces que ninguna otra obra. Pero también es cierto que son muy numerosos los lectores que han releído muchas veces los libros de Tolkien. Sin duda, este fenómeno contribuye a hacer de él una obra literaria influyente.

Pero, ¿en qué consiste esa influencia? He descrito someramente cómo me afectó a mí, pero me guardaría mucho de decir que a todos les ocurre lo mismo. Al contrario, es un hecho que a muchos otros no les influye en absoluto; les aburre profundamente y, bien lo leen con esfuerzo, porque se atienen al principio de que un libro comenzado hay que terminarlo –que, dicho sea de paso, me parece bastante absurdo–, o bien lo dejan de leer porque es muy largo –que es lo que hago yo cuando comienzo a leer un libro y veo que no me gusta–.

Otra cuestión que merece la pena plantearse, y quizá antes que la apuntada anteriormente, es cuáles son los motivos de que El Señor de los Anillos ejerza esa influencia. La respuesta será compleja, porque influencia significa comunicación, y la comunicación entre un autor y los  lectores depende tanto de uno como de los otros, y puede alcanzar grados y extensiones muy diversos.

Pienso que la causa podría encontrarse en lo que señala Tolkien, en una carta que escribió a Sir Stanley Unwin, su editor, el 31 de julio de 1947: está escrita con la sangre de mi vida, sea ésta como fuere, densa o diluida; y no puedo hacer otra cosa. Me temo que deba mantenerse en pie o derrumbarse tal como es sustancialmente.

Por aquella época, el Señor de los Anillos todavía no había sido publicado. De hecho, Tolkien ni siquiera lo había terminado, aunque llevaba casi diez años trabajando en él. Cuando por fin llegó a las librerías, muchos se preguntaron –se preguntan todavía–, por el significado de aquella historia. Decían que se trataba de una crítica contra la bomba atómica, de una encendida defensa del ecologismo, de un ataque al comunismo, y cosas por el estilo. El autor se apresuró en negar cualquier intención alegórica. Ya lo había explicado en esa misma carta a su editor: que Rayner no sospeche la intervención de la “Alegoría”. Supongo que hay una “moral” en todo cuento digno de ser contado. Pero eso no es la misma cosa. Aun la lucha entre la oscuridad y la luz (como él la llama, no yo) es para mí sólo una fase particular de la historia, un ejemplo de su trama quizá, pero no La Trama; y los actores son individuos; cada uno de ellos, por supuesto, contiene universales, de lo contrario, no tendrían vida, pero no los representan en cuanto tales.

Tolkien no pretendía escribir una alegoría, sino una historia. Y a esa historia dedicó horas y horas, esfuerzos y esfuerzos, superando enormes dificultades. Se podría decir que volcó en ella toda su alma, toda su cultura y todo su ingenio. Se empeñó en cuidar los detalles más mínimos para darle coherencia y credibilidad, y eso hizo que al final de tantos años de trabajo lograra terminar el relato de una gran historia, un verdadero clásico de la literatura universal.

Y eso precisamente, según él opinaba, es lo que dio pie a tantas interpretaciones alegóricas. Volviendo a la carta de julio de 1947, explicaba: la Alegoría y la Historia convergen, encontrándose en algún punto de la Verdad. De modo que la única alegoría perfectamente coherente es la vida real, y la única historia plenamente inteligible es una alegoría. Y uno comprueba, aun en la imperfecta “literatura” humana, que cuanto mejor y más coherente es una alegoría, tanto más fácilmente puede leerse “sólo como una historia”; y cuanto mejor y más estrechamente entretejida es una historia, más fácilmente pueden encontrar en ella una alegoría los que tengan propensión a hacerlo. Pero ambas cosas parten de extremos opuestos. Podéis convertir el Anillo en una alegoría de nuestro tiempo, si queréis: una alegoría del hado inevitable que aguarda a todos los intentos de derrotar el poder maligno mediante el poder. Pero eso es sólo consecuencia de que el poder, sea mágico o mecánico, tiene siempre ese mismo funcionamiento. No se puede escribir una historia acerca de un anillo mágico aparentemente simple sin que eso irrumpa, si de veras se toma el anillo con seriedad, y hacer que ocurran las cosas que ocurrirían si semejante cosa existiera.

Así pues, Tolkien trataba de escribir una historia lo más perfecta posible, de modo que al final pudiera leerse como una alegoría, en el mismo sentido en que la vida real puede interpretarse alegóricamente. En esta tarea empleó todas sus fuerzas; pero cuando afirma que el libro está escrito con la sangre de mi vida, no se limita a usar una hipérbole muy expresiva para referirse a lo mucho que le había costado llevarlo a cabo. Además de eso, indica la estima inmensamente profunda que le inspira esta historia. Tolkien escribió El Señor de los Anillos, por decirlo de algún modo, con toda su alma. Echó mano de todos sus recursos y, como resultado, consiguió una obra única e inimitable, como únicos e inimitables somos cada uno de los seres humanos.

Siendo tan vasta la cultura y la erudición de su autor, y con las profundas convicciones religiosas y filosóficas que tenía, El Señor de los Anillos tiene reflejadas todas esas virtudes, que lo convierten en un libro al que no podrán dejar de referirse, con el pasar de los años, los que pretendan explicar la historia de la literatura del siglo XX.

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3 comentarios sobre “LA GRAN HISTORIA DE TOLKIEN

  1. Que bien te ha quedado el blog. Acabamos de verlo Alvaro y yo. Hace días creía haberme inscrito, y que recibiría las notificaciones de publicaciones por correo, pero no ha sido así. Supongo que se debe a que lo has cambiado. Acabo de inscribirme de nuevo y espero que esta vez funcione. Si no es así te lo diré. Felicidades por este instrumento.

  2. Es curioso, encontré el blog por casualidad y me resultó interesante lo que dices. Desde luego Tolkien y su obra son parte no sólo de la cultura universal (que no sólo inglesa)
    y aún estoy por conocer alguien a quien la lectura de alguna de sus obras no haya cambiado, aunque sea mínimamente, su vida.

    A mí la primera.

    Muy buen blog.

    Kit

    1. Me alegro de que te haya gustado el blog. Vuelve a visitarlo siempre que quieras, y si tienes algún interés especial en algún aspecto de la obra de Tolkien, estaré encantado de hablar contigo sobre eso.

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