Tengo un especial interés en conocer el efecto que tendrá en la opinión pública la última película de Roland Joffé, Encontrarás dragones. Se espera que el estreno, que tendrá lugar el 25 de marzo en España, suponga un acontecimiento cinematográfico y social de primer orden. Yo no estoy muy metido en el mundo del cine, pero me han llegado ecos de muchas personas que, no solo acudirán con entusiasmo a ver la película, sino que se proponen hacer notables esfuerzos para llevarse al cine al mayor número de gente posible.

Por otro lado, basta leer los comentarios de los lectores a las noticias aparecidas en la prensa digital para comprobar que también suscita grandes recelos y oposiciones a priori. Lo comprendo, porque la película contiene una mezcla de dos temas (la Guerra Civil española y San Josemaría) que no suelen aparecer en la opinión pública sin levantar agitadas polémicas. Muchos afirman con rotundidad que el Opus Dei, en un afán de responder a El Código da Vinci, ha invertido millones de euros para lanzar a la gran pantalla su propia versión. También he leído comentarios de algunos que suponen que se trata de una hagiografía (una presentación de un personaje, de quien se destaca su santidad). Cualquiera que investigue un poco, con un mínimo de seriedad y objetividad, llegará muy pronto a la conclusión de que todo esto no son más que sospechas derivadas de prejuicios infundados, y sacará la impresión de que esta misma seriedad y  objetividad no abundan en España. Me gusta pensar que no es cierto, sino que en lugar de responder inútilmente a los insultos, quienes conocen la verdad han decidido aplicar el refrán: a palabras necias, oídos sordos.

Las informaciones aparecidas en muchas páginas webs y blogs que pueden consultarse con una simple búsqueda en Google revelan que los productores (entre los principales hay dos que pertenecen al Opus Dei y no lo ocultan, pero que actúan a título estrictamente personal) se las vieron y se las desearon para conseguir la financiación necesaria para la película. Así nos lo explicaron a los que asistimos a esa sesión promocional, y no tengo motivos para dudar que sea cierto. La película, pues, es obra exclusiva –guión y dirección– del propio Roland Joffé, aclamado por La Misión y Los gritos del silencio. Él mismo ha repetido hasta la saciedad que nadie le ha presionado ni le ha impuesto nada, sino que ha tenido siempre plena libertad para hacer su película en todas las fases de la producción.

Es probable que al final, a pesar de todo, haya polémica y debate. En la polémica se verán, como siempre, muchas críticas injustas y muchas tonterías. Pero a mí, lo que me interesa es el debate: en un debate se suele hablar con conocimiento de causa –para eso hay que estudiar o, al menos, leer un poco–, y se dan las circunstancias para que se dé a conocer la verdad. También se puede caer en el error, a pesar de horas de estudio y reflexión, pero es más difícil. Cuando uno tiene la decencia de informarse antes de hablar, suele aprender muchas cosas que no sabía. Parece una perogrullada, pero algunos todavía no lo han descubierto.

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