PAPÁ: ¿SEGUIMOS SIENDO LOS BUENOS?

Hace unos días vi La carretera, la película basada en el libro de Cormac McCarthy, con ese mismo título. Para prevenirme, me habían dicho que fuera preparado para recibir una patada en el estómago. No me gusta recibir este tipo de agresiones, ni siquiera en sentido figurado, pero había oído también otras campanas, que hablaban de una puerta abierta a la esperanza. La película me pareció dura. Imágenes casi siempre muy oscuras y, cuando no, siempre domina el gris. La ambientación es un mundo destruido por una catástrofe que ha dejado casi toda forma de vida en peligro de extinción. Los personajes, un padre y su hijo, de unos siete años, que viajan a pie, sin saber muy bien hasta dónde tienen que llegar. Sólo saben que tienen que avanzar hacia el sur, porque es posible, aunque nadie lo asegura, que allí la supervivencia sea más fácil. El viaje no está exento de peligros. Cuesta mucho encontrar alimentos, y algunos han caído en el canibalismo. Los otros hombres son la mayor amenaza, y así, el viaje de los dos protagonistas se ha convertido en una huida constante. ¿Qué sentido tiene ver una película así? Yo mismo me lo habría preguntado antes de sentarme frente a la pantalla. Y sin embargo, una escena maravillosa captó de pronto mi atención. Después de que el padre matara sin contemplaciones a uno que les amenazaba, el niño le dice: Papá, ¿seguimos siendo los buenos? Nunca me atreveré a decir cuál es la intención de un escritor o del director de una película. Sólo diré lo que yo he leído o visto en sus obras. En La carretera vi un mundo desolado, que se parece mucho a nuestra vida en sus peores momentos. Es la vida de los que sufren, de los que lo han perdido todo, de los que se han quedado solos…Algo que ocurre en todas partes y en todas las épocas, no sólo en países subdesarrollados o en lugares que han padecido una catástrofe o una guerra despiadada. Es más: pienso que es un momento que llega tarde o temprano en la vida de cada persona, cuando tengamos que enfrentarnos a la perspectiva de la muerte. Delante de ese acontecimiento terrible que nos va a alcanzar a todos, sólo hay un medio de salvación: seguir siendo los buenos.

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