Las dos primeras partes de este artículo han servido para identificar una aparente tensión entre la libertad y el destino como elementos que determinan el curso de los acontecimientos y para ver cómo, en la Tierra Media, no existe en realidad tal tensión. El destino, sin perder su función de regir la historia, se sirve de las acciones humanas libres para cumplir esa función.

Quedó dicho, además, que para eso hay que entender el destino como Providencia, como un alguien que juzga las acciones y las recompensa con el éxito y con el triunfo del bien. Pero hay un aspecto que no tuvo espacio más que para una breve mención. Se trata de la recompensa que cada uno recibe individualmente.

En la Tierra Media, como en nuestra propia época, las personas ocupan un lugar en el tiempo y en el espacio. Y ese lugar es el que determina su papel en la historia, el propósito por el que fueron creados. Se ve con especial claridad cuando Frodo pregunta a Gandalf: ¿por qué fui elegido?

–Preguntas que nadie puede responder –dijo Gandalf–. De lo que puedes estar seguro es de que no fue por ningún mérito que otros no tengan. Ni por poder ni por sabiduría, a lo menos. Pero has sido elegido y necesitarás de todos tus recursos: fuerza, ánimo, inteligencia.

Al final, Frodo agotará todos esos recursos y tendrá que intervenir directamente la Providencia para que el Anillo se destruya definitivamente. Pero la Providencia no es ciega; no interviene por azar o sin motivo. Interviene en ayuda de Frodo porque Frodo se lo ha ganado: ha seguido adelante y ha llegado casi hasta el final, aunque sus sufrimientos eran cada vez mayores y sus esperanzas más pequeñas a medida que se acercaba. Primero perdió la esperanza de poder regresar, y luego incluso la de poder llegar. Sin embargo, ha continuado a pesar de todo.

¿Cómo es capaz de renunciar a sí mismo hasta ese extremo? No solamente cómo es capaz, sino ¿por qué lo hace? ¿Acaso por sentido del deber? No puede existir un sentido del deber tan arraigado que sea capaz de obligar a nadie a llegar a tales límites de sacrificio por los demás. Además, en el Concilio de Elrond, es el mismo Frodo quien se adelanta por propia iniciativa, con plena libertad y asume la misión:

–Yo llevaré el Anillo –dijo–, aunque no sé cómo.

Cuando dijo estas palabras, era plenamente consciente, al menos en general, de que significaban una condena a un viaje lleno de peligros y con esperanzas mínimas de éxito. La respuesta de Elrond viene a insistir en que se trata de una decisión tomada con plena libertad:

–… Pero es una carga pesada. Tan pesada que nadie puede pasársela a otro. No la pongo en ti. Pero si tú la tomas libremente, te diré que tu elección es buena; y aunque todos los poderosos amigos de los Elfos de antes, Hador y Húrin, y Turín, Y Beren mismo aparecieran juntos aquí, tu lugar estaría entre ellos.

Así pues, Frodo toma la carga libremente. Y no solo eso, sino que, cuando ya no le queda esperanza, no se rinde. Sabe que tiene que seguir adelante aunque le parece que no tiene sentido; aunque comprende, además, que con ello no logrará otra cosa que hacer crecer sus padecimientos y su desesperación. ¿Supone eso una renuncia a su felicidad? Toma esa decisión aunque todos sus instintos le aconsejan lo contrario, advirtiéndole de las múltiples amenazas y peligros que le esperan en el camino. Y si no hace eso por obligación, ¿por qué lo hace? Por amor, por supuesto. Porque ha entendido que le corresponde a él atravesar por todas aquellas penalidades para que el mundo se vea libre de la sombra. Y ha comprendido, además, otra cosa que le hará seguir adelante aun cuando llega a creer que igualmente fracasará. Quizá no lo ve explícitamente de este modo, pero siente o intuye que tiene que seguir adelante, llegar lo más lejos posible, sea cual sea el final que le depare el destino, porque ha sido creado con ese propósito.

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4 comentarios sobre “DESTINO Y LIBERTAD EN “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS” (iii)

  1. Muchas felicidades, Josemari: me he acordado de ti de manera muy especial. Me alegra mucho de que te hayas convertido en un bloguero como yo: eso también es una carga en muchas ocasiones, pero que también te dará muchas alegrías. Te escribiré pronto para hablar de mi estancia en Roma.

  2. Muchas felicidades Josemari. Muy bueno el último artículo sobre la libertad y la providencia. Dentro de un rato te llamaremos para felcitarte. En Viaró había varios profesores que se acordaban de tu cumpleaños. Acabamos de verlos en la ceremonia de graduación de Gabriel. Un abrazo fuerte

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