Ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos, decía Gandalf. Por lo tanto, para los seres humanos limitados (entre los que se cuentan los Hobbits) no queda más remedio que aceptar su destino, el propósito de su existencia, cada uno de la suya, y tratar de adecuar su vida a eso a través de cada una de sus decisiones. Frodo fue creado para cargar con esa misión, y merece ser contado entre los más grandes precisamente porque, en la medida en que le es posible, trata en todo de cumplir con su misión. Alguno puede preguntarse por el sentido de tal modo de proceder: ¿para qué asumir tanto sufrimiento, sobre todo en los momentos en que cree que no le espera otro destino que el fracaso?

Pero esa pregunta pierde todo el sentido cuando uno intenta pensar con la mente de Frodo. ¿Acaso tenía otra opción? Ciertamente no. ¿Con qué cara habría mirado a los otros si se hubiera quedado en Rivendel esperando a que llegara el momento inevitable de que la Casa de Elrond fuera derrotada por el poder de Sauron? Quizás los otros no se lo reprocharan, pero él no habría podido soportar esos remordimientos. Habría sido un infeliz, y la Sombra habría terminado por alcanzarle a él y a todos de un modo u otro. El único camino para escapar esa desgracia era difícil y de final incierto, pero era el único. Cualquier otra opción significaba un fracaso seguro, y un sufrimiento todavía mayor.

Entonces, ¿no era libre? No menos que si no hubiera entendido cuál era el único camino. Además, se puede decir, como mínimo, que era libre porque tenía de hecho la posibilidad de escoger otros caminos. No sólo eso, sino que su instinto, sus apetitos, la propia naturaleza de que estaba hecho, le impulsaban en otra dirección. Sólo la razón le presentó el camino que tomó al final como el más conveniente y, por lo tanto, la decisión de emprenderlo fue un acto de la más genuina libertad. Claro que eso suponía aceptar que no cabía en su vida la posibilidad de escapar al miedo y al dolor. ¿Eso significa que Frodo había nacido condenado a sacrificarse hasta extremos inimaginables por los demás, para conseguir solamente la felicidad para otros, pero no para sí mismo? Y en los momentos más extremos, cuando su situación es tan crítica que no puede ya albergar esperanza, ¿significa eso que Frodo debía considerarse elegido para un sacrificio con el que, al fin y al cabo, ni él ni nadie acabaría consiguiendo nada?

Si se considera la felicidad como total ausencia de sufrimiento, cabría decir que Frodo era un desgraciado. Pero entonces habría que admitir que todos lo somos, porque, así entendida, la felicidad no existe ni en la Tierra Media ni en el mundo tal como lo conocemos nosotros. Pero si entendemos la felicidad de otro modo, como la realización del propósito para el que fuimos creados, entonces habrá que concluir que Frodo fue feliz incluso cuando sus padecimientos eran mayores. Cada paso que daba era una aceptación de ese propósito que guiaba todos sus actos, y cualquier paso que hubiera dado en otra dirección le habría hecho aun más infeliz. De hecho, el único momento en que verdaderamente fue desgraciado es cuando sucumbió a la fuerza del Anillo, justo delante de las grietas del Monte del Destino.

Por lo tanto, Frodo actuó del mejor modo posible para él, porque supo aceptar su destino, el propósito o la misión que le había sido asignado, y con total libertad hizo todo lo que estaba en su mano para cumplirlo. No tendría sentido preguntarse por qué se le exigía tanto, pues es un hecho que había sido elegido para eso, y sería absurdo que cualquiera se pregunte por qué, o si es correcto que haya sucedido lo que ya es un hecho y nadie puede cambiar. Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron, pero cada uno en sus propias circunstancias, afrontando el propósito concreto de su vida personal lo mejor posible, y siempre teniendo en cuenta que, aunque el fracaso pueda parecer seguro, en realidad ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.

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3 comentarios sobre “DESTINO Y LIBERTAD EN “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS” (iv)

  1. Eres grande hermanito!

    Nota del administrador del blog: tengo que reconocer que he cambiado una palabra con respecto al comentario original. Era elogiosa, pero por escrito y en público resultaba inapropiada. Muchas gracias, Jorge -para quien no lo sepa, es mi hermano mayor-, y lo siento por el cambio…

  2. Muy interesante. Pueden hacer muchas campañas contra el tabaco… Pero al final, los que dejan de fumar son los que quieren dejarlo. Uno es libre cuando consigue lo que le cuesta esfuerzo, cuando toma sus decisiones por buscar un bien, o sea, por amor. Con el miedo no vamos a ninguna parte. Y si al fumador le ponen fotos tétricas para asustarle, ¿qué le obliga a mirarlas? Terminará acostumbrándose a verlas, como nos hemos acostumbrado a ver tantas obscenidades en la televisión. Y si no, pondrá un papelito para tapar la imagen, y seguirá fumando tan tranquilo. Al final, la libertad individual es muy fuerte; puede superar muchas presiones. Deberían tratar de animar, más que de desanimar, pero estos gobernantes no comprenden otra cosa que la filosofía del miedo…

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