Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron. Puede ser interesante retomar la reflexión sobre esta frase de Gandalf, después de haber visto que hay un destino al que se dirige la historia de toda la Tierra Media, y en el que queda comprendido el destino de cada uno de los personajes. Frodo fue escogido como un ejemplo en el que todo esto se ve con especial claridad. Como todos los personajes, se ve obligado a tomar decisiones. Comprende en un momento dado que su vida tiene un propósito. Un propósito que forma parte del destino de todos. Y esa parte es, precisamente, su propio destino.

Otros personajes trataron de escapar a su destino. El mismo Sauron es el ejemplo más extremo. También Saruman, cuya historia podríamos examinar con más detalle. Y Denethor es el que alcanza un resultado más trágico. Hay que comparar estos casos con el de Frodo para entender por qué el hobbit acierta al aceptar su destino y dedicar todos sus esfuerzos a la realización del propósito de su existencia. El destino se convierte en condena para los que no lo aceptan, mientras que para Frodo es una recompensa a todos sus esfuerzos. Él, al final, merece la comparación con Hador, y Húrin, y Turin, y Beren mismo, como decía Elrond.

Habría que remontarse al Ainulindalë, el relato de la creación de Arda, para ver hasta qué punto cualquier criatura, por poderosa que sea, es incapaz de vencer los designios de Ilúvatar, lo que sería lo mismo que intentar escapar al destino. Todo el que lo intenta, se verá condenado al fracaso. En cambio, quienes comprenden el propósito de su existencia, y lo aceptan y se esfuerzan en cumplirlo, triunfan siempre, aunque a veces tengan que soportar grandes padecimientos y sufrir una derrota tras otra antes del triunfo final.

Así pues, al enfrentarse a su destino, cada personaje puede –y debe– elegir entre la condena y la salvación. Quizás pueda decirse que eso es, precisamente, la libertad. No se puede guiar el curso de la historia, ni siquiera de los acontecimientos que se refieren a la vida personal. Pero puede decidirse la actitud ante el propio destino, y esa es la única libertad que en realidad tiene alguna relevancia; de esa elección se deriva lo único importante: la condena o la salvación.

Pero es una elección que no puede hacerse con una sola decisión. Muchas veces, y en el caso de Frodo de forma clarísima, la persona no sabe cómo se alcanzará el triunfo. Ni siquiera sabe si él lo verá. Ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos. Pero tiene que fiarse del destino. Frodo decide en el Concilio de Elrond hacerse cargo del Anillo. Pero después esa decisión tiene que mantenerla en muchas otras que se suceden a lo largo de su historia. Y cuando no tiene fuerzas para decidir, cuando sucumbe al poder del Anillo frente a las mismas grietas donde fue forjado, entonces es el cúmulo de decisiones que antes había tomado lo que le hace merecer la salvación.

A veces sus decisiones han sido a ciegas. A veces parecían locuras. A veces eran el único camino, y aparentemente no había ninguna posibilidad de triunfo. Tenía que fiarse, y recordar lo que Gandalf le había dicho al principio: todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron.

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Un comentario sobre “DESTINO Y LIBERTAD EN “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS” (y v)

  1. Es una de las historias que mas me gustan, tanto la película así como el libro, mejor este ultimo en mi opinión, sin olvidar la película de dibujos de 1978 que viene a ser más o menos la primera parte de la historia.

    Le das un toque y entendimiento que gustan.

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