Se trata de una valiosa versión de la famosa leyenda del famoso Robin Hood. Es solo la primera parte de una trilogía. Así la concibió su autor, y así se anuncia a los lectores. De modo que al terminar el libro, el lector tiene la sensación de que no ha llegado más que al final del principio. La narración tiene un ritmo inconstante: mientras en algunos tramos los acontecimientos se suceden de forma frenética, en otros pueden pasar muchas páginas sin que ocurra nada significativo. Eso sería un error grave si solo importara la historia. Pero aquí el relato va mucho más allá de los sucesos que en él se cuentan. No solo porque no es más que la primera parte de un conjunto, sino también porque la narración nos introduce en un ambiente al que toda la novela debe gran parte de su encanto. Es el ambiente medieval, impregnado de heroísmo y aventuras, de lucha por la justicia, el honor y la libertad, de defensa de las tradiciones de un pueblo oprimido por un invasor orgulloso y prepotente. Es el bosque que sirve de refugio a los que no se resignan a ser aplastados o esclavizados. Un bosque milenario y lleno de magia; acogedor para unos y terrorífico para otros. Hood no es una novela de fantasía. No cuenta una historia de personajes poseedores de raros poderes ni en la que tienen lugar acontecimientos extraordinarios e inexplicables. Pero la narración se desenvuelve en una atmósfera llena de la magia de las tradiciones multiseculares, de la magia que se encierra en el heroísmo de los hombres, y de la magia que todos los bosques, en especial los más alejados de las zonas donde habita la gente, muestran a los que saben contemplar su belleza. Yo he tenido algunas oportunidades de encontrarme solo en medio de un bosque. He viso su magia. Basta quedarse quieto y contemplar. Primero se hace el silencio. Luego la brisa susurra unas palabras a los árboles, que responden agitando ligeramente sus hojas. El bosque se tranquiliza, y pronto los pájaros reanudan sus cantos. Si tuviéramos tiempo, también los animales terminarían comprendiendo que no tienen nada que temer. Pero tendremos que conformarnos con verlos de lejos y fugazmente. Es como un encantamiento que llena el alma de gozo. Un atisbo de ese gozo se muestra en las páginas de Hood, porque Lawhead ha sabido transmitir en ellas la magia que ha captado en los bosques.

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