He tardado bastante en decidirme a poner por escrito mi comparación entre el Legolas de Tolkien y el que aparece en las películas de Peter Jackson.

El problema que tengo es que no quisiera ser demasiado negativo, pero la verdad es que, en relación con este personaje, solo hay un aspecto de la película que considero acertado. El vestuario está muy bien diseñado. Visualmente, pero solamente cuando no combate, es un elfo perfecto.

Ciertamente, hay que reconocer que los elfos concebidos por Tolkien son difíciles de imaginar, y por tanto mucho más difíciles de representar en el cine. Son personajes de forma humana (y, por cierto, no recuerdo un solo pasaje ni de El Señor de los Anillos ni de El hobbit donde se diga que tienen las orejas puntiagudas), pero ven el mundo de forma distinta. Tienen un destino diferente, y el paso del tiempo no les afecta igual que a los hombres. Por eso, a pesar de su aspecto joven, pueden contar cientos o miles de años. Y a veces se nota que son antiguos, aunque no hayan envejecido. ¿En qué se nota? En el porte y en la mirada. ¿Cómo son el porte y la mirada de un joven que ha vivido, por decir algo, setecientos veintitrés años? He ahí el problema: no tenemos ni idea.

Lo que está claro es que tienen que ser sabios. Por eso hablan poco, y con una precisión extremada. Además, tienen un gusto estético muy refinado: no solo son guapos, sino que son elegantes, tanto en el vestir como en el hablar y, en definitva, en todo lo que hacen.

El problema es que vi un reportaje donde Orlando Bloom decía, con cara de emocionado, que Legolas es una máquina de matar. ¡Menuda estupidez! Legolas es valiente, tiene una puntería espectacular con el arco, sus movimientos son rápidos y precisos… Puede matar con gran eficacia, pero no es una máquina de matar. Legolas es un artista, un amante de la naturaleza –en especial de los árboles–, pero no es violento.

Me dio bastante grima verle surfear sobre un escudo para bajar por las escaleras de una muralla del abismo de Helm. Me sobraba –le sobraba a él– la voltereta para montar a caballo. Y lo de patinar por la trompa del olifante ya era para empezar a abuchear.

¿Dónde queda el Legolas que canta la elegía a Boromir? ¿Dónde queda el Legolas capaz de escuchar los susurros del bosque de Fangorn? Se han perdido por una concesión al espectáculo sensacionalista que, estoy seguro, no añade nada al éxito de público de las películas, y mucho menos a los Oscar que recibió.

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2 comentarios sobre ““EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”: LIBRO Y PELÍCULA. Legolas

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