IMPOSICIÓN LINGÜíSTICA

No me sorprende el revuelo que se ha armado en los últimos días con la cuestión de la lengua que debe usarse en los colegios. Lo que me sorprende es que un tribunal tenga que exigir al gobierno autonómico que cumpla la ley y las sentencias. A parte de eso, me molesta (ya no me sorprende, pero sigue molestándome) que se discuta tanto sobre una cuestión que debería estar resuelta hace años.

Cuando yo tuve que enfrentarme con ese problema, la solución fue muy fácil. De hecho, fue tan fácil que en realidad se podría decir que no había problema. ¿Qué quiero decir? Pues que yo fui profesor en un colegio durante un curso entero. Me encargaba de enseñar más de la mitad de las asignaturas a una misma clase (veintidós horas a la semana, más o menos).

Al empezar el curso, me planteé: ¿en qué hablo? La respuesta fue inmediata: en lo que hablen los alumnos. Problema: hay tantos catalanoparlates como castellanoparlantes. Solución: la mitad de las asignaturas en una lengua, y la otra mitad en la otra. Eso sí: ellos pueden hablar en lo que quieran, y yo les responderé en la lengua que usen para dirigirse a mí.

¿Problema? Es la realidad: en Cataluña se habla tanto catalán como castellano, pero eso no es un problema. Considerar eso un problema sería catalogar como inferiores a los que hablan castellano, y sería empobrecer la cultura de Cataluña. Y eso es una forma de xenofobia. Xenofobia light, pero siempre xenofobia. Además, ¿desde cuándo ser bilingües es peor que hablar solo una lengua? Todos admiran al que habla el inglés como si lo hubiera aprendido desde pequeño. En cambio, parece que en ciertos ambientes está bien visto hablar mal el castellano, y llenarlo de catalanismos, como para demostrar que uno es catalán, y que por eso no sabe castellano. He conocido a algunos que incluso fuerzan errores al hablar en castellano… Ridículo, ¿verdad? Pues ocurre.

Pero, volviendo al tema de la enseñanza, lo que quería decir es que me parece absurdo imponer una lengua a una sociedad en la que se dominan dos lenguas. Ahora el Govern se quejará de que nos imponen el castellano en la enseñanza, pero en realidad se trata de completar una imposición que han empezado ellos: ellos, los nacionalistas, son quienes eligieron un sistema de imposición, imponiendo el catalán; el poder judicial dice: muy bien, ¿quieres imposición? Entonces impones todo: catalán y castellano, porque el castellano es lengua oficial (y social) en Cataluña tanto como en el resto de España. Pero han sido los nacionalistas quienes han escogido el sistema basado en la imposición. ¿No quieren que se les imponga nada? Pues que busquen un sistema sin imposición: ganaríamos en libertad.

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2 comentarios sobre “IMPOSICIÓN LINGÜíSTICA

  1. ¡Jose! Sobre ese año que trabajaste de profesor, decirte que quizá te encontraste con el único grupo en que había igual número de castellanoparlantes como de catalanoparlantes. Pero la realidad en la que nos encontramos -en ese centro concreto, que ni mucho menos es representativo del conjunto de Catalunya- es que la mayoría de las familias son castellanoparlantes. Es algo comprobado, porque cada año se pregunta a los alumnos.

    Mi experiencia con las familias me ha permitido encontrar varias que menosprecian el catalán (hasta el punto de decir que si su hijo suspende la materia, no pasa nada) y ninguna sola que menosprecie el castellano.

    Mi experiencia con los alumnos es parecida: 1. muchos alumnos que menosprecian el catalán y ninguno el castellano. 2. Los catalanoparlantes se defienden mucho mejor en lenguas. 3. La mayoría de alumnos habla castellano entre ellos.

    Respecto a los profesores españoles (no a los extranjeros): todos saben hablar y escribir bien el castellano, pero hay muchos que no tienen ni idea de escribir e incluso de hablar el catalán con un mínimo de corrección.

    De todos modos está claro que el título de tu escrito dice mucho del gobierno que tenemos. Yo tampoco estoy de acuerdo con esta forma de ver las cosas, de imponer. Desearía que fuera la gente foránea la que quisiera aprender el catalán y tratar así a los lugareños, no por respeto ni por obligación, sino por simple gusto por la cultura y la belleza. Aunque todos sabemos que la comodidad y la desidia suelen ganarle la batalla a la belleza en demasiadas ocasiones.

    ¡A ver si nos vemos pronto chaval, que nos tienes abandonados! ¡Un abrazo!

    1. ¿Qué tal, Jordi? La verdad es que no quería decir que hubiese igual número de hablantes de las dos lenguas… Era imposible, porque eran impares. Debería haber escrito: “había tanto (sin s)” de unos como de otros. En cualquier caso, da igual que ni el colegio ni la clase sean representativos del conjunto de Catalunya. De hecho, no creo que haya ninguna clase ni ningún colegio que sea en realidad representativa del conjunto. En la mayoría hay gente que habla catalán y otros que hablan castellano, en proporciones distintas. Pero el número da igual: yo me preocupo por todos. Lo que no había en mi clase es uno solo que no entendiera una de las dos lenguas. Por lo tanto, yo podía usar la lengua que quisiera, sin que eso fuera un problema para nadie.
      Otra cuestión es lo que dices tú del menosprecio… A mí me da igual que desprecien una lengua, mientras no falten al respeto a las personas. Sí quieren renunciar a la riqueza cultural, peor para ellos. Tengo que decir que en mi clase no recuerdo menosprecios de esta clase. Pero, aunque los hubiera, repito que para mí no sería un problema, mientras no faltasen al respeto a nadie.
      Pero como buen maestro, sabes bien que el modo de enseñar de un profesor influye mucho en cómo los alumnos, sobre todo los más jóvenes, valoran una asignatura. Es cierto que, si unos padres le dicen a su hijo que da igual si suspende una asignatura determinada, contra eso poco puede el profesor, pero eso seguramente son excepciones… En general, la gente tiene un poco de sentido común. Lo que no es de sentido común es que el gobierno nos obligue a usar en el colegio una lengua u otra, o las dos, cuando en el resto de nuestra vida somos capaces de usar cualquiera de las dos sin dificultad. No todos tienen la misma facilidad, pero son poquísimos los que tienen algún problema por cuestión de lengua. Lo que quiero decir es que no es un problema social, al menos en su origen.
      Y lo que todavía es más grave es que un gobierno desobedezca a los tribunales. No es democrático, y no es admisible. ¿Con qué autoridad reclamarán ahora que les obedezcan a ellos?
      Yo también tengo ganas de pasarme por allí, pero por ahora me parece que tardaré un poco en encontrar la ocasión. Ya llegará… ¡Un abrazo!

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