Quiero usar estas líneas para protestar por el vídeo que ha lanzado el PSOE para hacer campaña electoral. Aparece un niño vestido con el uniforme del colegio, cogido de la mano de su cuidadora, y le pregunta si ella tiene hijos. La buena mujer, muy simpática, le responde que sí: en concreto, tiene una hija de su edad. Entonces, el niño, muy inocente y muy repelente, le responde que está muy bien, porque así, cuando sean mayores, la contratará para que sea la cuidadora de sus hijos.

Luego aparece la niña en cuestión, vestida de forma sencilla, pero con muy buen aspecto, entrando en un colegio público, mientras una voz en off denuncia que el PP está recortando el gasto en las Comunidades Autónomas en que gobierna, y que está favoreciendo a las escuelas privadas y concertadas en detrimento de la escuela pública, que, según ellos, es la única que puede garantizar un futuro en igualdad de oportunidades.

Más allá del debate político sobre los recortes sociales o sobre cómo se garantiza el acceso de todos a la educación, o sobre tantas cosas, me parece un insulto el retrato que hace este vídeo de las escuelas concertadas. En primer lugar, porque no se puede meterlas en el mismo saco que las privadas. En segundo lugar, porque dudo mucho que ningún niño de ninguna escuela diera esa respuesta a su cuidadora.

Me ha molestado el vídeo porque hace recurso a un tópico de los más falsos entre los muchos que circulan entre la sociedad española: el de que toda escuela que no es pública es elitista. Yo estudié durante doce años en una escuela privada, que se convirtió en concertada apenas tuvo la posibilidad. Luego trabajé en esa institución educativa durante un año.

Allí los alumnos llevan uniforme, de esos con chaqueta y corbata, aunque tienen una sudadera, que llevan puesta durante toda la jornada escolar para no ensuciarse la camisa, que es blanca. Y eso sirve para esconder en gran medida las diferencias sociales que existen entre los alumnos, porque, aunque todos parecen ricos, algunos llegan al colegio en bicicleta, otros en un coche viejísimo, conducido por su madre o por su padre, y otros con un coche enorme, muy lujoso, conducido por el chofer. Hay de todo.

El hecho de llevar uniforme no supone un problema para nadie. A ciertas edades, los adolescentes se rebelan un poco: se bajan el nudo de la corbata y llevan la camiseta por fuera, pero son chiquilladas de quinceañero, a las que no hay que hacer demasiado caso. Lo bueno es que no solo iguala a los uniformados, sino que los iguala por arriba. No sé si es que al PSOE le gustaría que todos nos vistiéramos con harapos, pero yo prefiero que, ya que tenemos que ponernos el mismo disfraz, mejor un disfraz de rico.

Además, quizás esa igualdad no sea la única ventaja de ese tipo de uniforme. Se me ocurre que podría pasar que la americana y la corbata le dieran al alumno una conciencia de que puede llegar a un cierto estatus (evitemos la palabra clase) social y cultural gracias a lo que aprende en el colegio que requiere ese atuendo. Eso le motivaría a esforzarse por aprovechar los estudios. Es una teoría, que se basa en mis recuerdos y en la observación de un ambiente que conozco, pero me parece bastante plausible.

Lo que no es teoría, sino una verdad comprobada año tras año en mi familia, es que es mucho más barato vestir uniforme que tener que cambiarse el modelito cada día, porque por muy sencillo, neutro, no de marca y barato que sea, no deja de ser un modelito, y no deja de tener que ser distinto cada día (si fuera el mismo olería fatal y sería asqueroso). En cambio, siempre se encuentran ofertas de uniformes, y suelen estar hechos con tejidos bastante sencillos y, lo que abarata todavía más los costes, suelen durar lo suficiente para que se hereden de hermano a hermano (si uno tiene hermanos, claro, aunque parece que el PSOE se ha olvidado de qué es eso).

Por lo tanto, nada está más lejos que una escuela como la que me acogió a mí –una de las que suele ser calificada como elitista– de la visión que pretenden dar los socialistas en su vídeo. Y ¿quién se lo cree? Pues no lo sé; alguno habrá.

Me recuerda a una ocasión en la que yo volvía del colegio en tren, y me encontré en la estación a un grupo de chavales un poco mayores que yo (debían tener entre trece y quince años, y yo unos diez). Nótese que volvía en tren y que iba solo: no en coche con chofer, ni me acompañaba ninguna cuidadora ni cuidador ni nadie. Y como volvía del colegio, llevaba mi uniforme. Y ese grupo de chavales que no sé qué hacían en la estación, a parte de perder el tiempo, empezaron a decirme cosas (a gritos, porque procuré pasar lo menos cerca posible y alejarme cuanto antes) como las siguientes: ¿Cuánto gana tu padre? ¡Cómprame un yate! ¡Dame algún billete! La tercera me la he inventado; pero de la primera estoy bastante seguro, y la segunda, que vale por todas, se me quedó grabada.

Evidentemente, les habían metido en la cabeza los típicos prejuicios de que el mío era un colegio para ricos, y por eso reaccionaban así. Pero eso era un grupo de chavales, no un partido político que aspira a gobernar a todos los españoles. ¿O ya no aspira, y lo que quiere es soltar la rabieta y dedicarse a insultar para desahogarse?

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Un comentario sobre “PSOE: Prejuicios, Simpleza, Odio y Engaño

  1. Totalmente de acuerdo. Nunca entenderé por qué razón el PSOE, y en general la izquierda, fomentan los complejos, la división de la sociedad, el malestar moral de la sociedad y la ira de una parte de ella, todo velado con la afirmacion de que se preocupan por el estado de bienstar. Materialismo radical e irracional.

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