La primera autora que me cautivó fue Enid Blyton. Quiero decir que es el primer nombre que, cuando lo veía, sabía que se trataba de una escritora y había leído algunos de sus libros. Además, también es la primera de la que deseé leer libros que no tenía a mano. Además, en la foto de la autora que aparecía en la contraportada de muchos ejemplares, ella me recordaba un poco a mi abuela, porque tenía la cara alargada y el pelo gris y rizado. Quizás eso contribuía de algún modo a que me gustaran esas historias, porque yo quería muchísimo a mi abuela. Pero también es posible que eso no influyera ni siquiera mínimamente. He aquí un buen material para la reflexión de los aficionados al psicoanálisis…

Los libros que mi padre nos leía en verano eran de una colección de Enid Blyton, llamada Aventura, porque todos los títulos empezaban con esta palabra. Durante mucho tiempo pensé que eran siete, pero luego descubrí que había un octavo. Todavía creo que soy capaz de acordarme de los títulos por orden: Aventura en la isla, Aventura en el castillo, Aventura en el valle, Aventura en el mar, Aventura en la montaña, Aventura en el barco, Aventura en el circo y Aventura en el río. Tengo que confesar que he pasado algunos minutos, tres o cuatro, recomponiendo los títulos y sobre todo el orden. Puede ser que me haya equivocado, pero no pienso comprobarlo; esto son unos recuerdos y, como han pasado unos veinte años, es posible que estén distorsionados, pero así son y así se quedan.

Esta no era la serie más famosa de Enid Blyton. La gente se acuerda más de Los cinco, Los siete secretos o Los Hollister. Leí varios de Los cinco, que me gustaron bastante, y uno o dos de Los siete secretos, que me aburrieron un poco. Ninguno de Los Hollister. Es posible que hubiera más series, pero no las recuerdo. De todas formas, a mí la que me encantaba era la de Aventura. Como he dicho, eran los libros que mi padre nos leía cuando éramos pequeños, y eso hace aumentar el valor de un libro hasta niveles incalculables, al menos por un tiempo. Al principio no teníamos todas los entregas… De hecho, al principio no teníamos ninguno, pero lo que quería decir es que mi padre no los compró todos juntos. Por eso, durante unos años, eran un buen regalo de cumpleaños. También porque los que no nos faltaban a veces se rompían, porque éramos ocho hermanos, y luego vino Gabriel. Cuando nació el décimo, Álvaro, creo que ya había pasado la época de Enid Blyton.

Los primeros títulos de Aventura que tuvimos, creo que eran Aventura en la montaña y Aventura en el valle. Quizás también Aventura en el mar. Luego, mi padre los iba comprando, para uno o para otro, según a quién tocara recibir un regalo por su cumpleaños, por el santo, o porque se había portado bien, o por lo que fuera. De forma que cada libro pertenecía a alguien, aunque todos podíamos leerlos todos. A mí me compraron, no sé si como regalo o sin ningún motivo concreto, Aventura en el castillo y, como era el mío, era uno de los mejores. A parte de ese motivo, creo que en realidad era de los que más me gustó. Aunque quizás disfruté más con Aventura en el valle.

Lo que recuerdo es que los leí todos con verdadera fruición, y que esos años fueron magníficos en muchos aspectos. Nos habíamos trasladado a Valldoreix, un municipio dependiente de Sant Cugat del Vallés, cerca de Barcelona. Allí mis padres habían encontrado una casa de cuatro plantas que nos vino muy bien, porque ya hacía años que se nos quedaba pequeño el piso donde habíamos vivido. Ahora mi hermano y yo teníamos para nosotros solos una habitación más grande que la que antes habíamos compartido entre cuatro. Estaba en el piso de arriba, y tenía dos terrazas. Además, teníamos un buen jardín con piscina y con espacio suficiente para jugar a fútbol. Me pasaba horas practicando o, como yo decía, haciendo “toques”; llegué a establecer mi récord en más de doscientos, aunque después conseguiría superarlo.

Pero también leía bastante y, mientras leía, solía escuchar en los walkman de mi hermano un casette de Roxette. Más tarde he sabido que las letras solían ser bastante lamentables, pero yo no las entendía –ahora tampoco– y la música de ese grupo siempre me ha encantado. Cada vez que vuelvo a escuchar una de esas canciones me acuerdo de los libros de Enid Blyton. Una vez, mientras leía tumbado en mi cama y con los cascos puestos, al mismo tiempo estaba cantando a pleno pulmón. De repente me di cuenta de que era muy probable que en el resto de la casa se hubieran estado oyendo mis berridos, tratando de seguir una música que solo yo escuchaba. Me callé inmediatamente, pensando en el ridículo que habría estado haciendo. Dejé el libro en la cama y me acerqué sigilosamente a la escalera. En efecto, al asomarme, descubrí a mis hermanas mayores en el rellano, burlándose maliciosamente, y no tuve más remedio que responderles con algunos insultos antes de enfrascarme de nuevo en el libro, esta vez en absoluto silencio.

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Un comentario sobre “ENID BLYTON

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