Uno de los personajes en los que más complicado resulta valorar si se ha hecho bien la adaptación al cine de El Señor de los Anillos es Arwen Undómiel, la hermosa hija de Elrond. En cuanto a la caracterización externa, como casi todos los personajes de la película, solo puedo decir que me parece impecable. El  problema es que su actuación en el libro es distinta de la que se ve en la película. No solo porque en la pantalla aparece en más ocasiones, sino porque también su intervención directa en la historia es mayor.

Sin embargo, en conjunto no creo que se trate de un error. Peter Jackson intenta contarnos la misma historia que JRR Tolkien, y estos cambios en el personaje, paradójicamente, le sirven para no cambiar la historia. En eso consiste adaptar: se trata de relatar la misma historia, pero usando otro lenguaje.

En efecto, en la novela Arwen tiene una relevancia enorme, aunque su intervención directa sea más bien escasa y sus apariciones en escena más bien fugaces. Y sin embargo, es un personaje que no se nos olvida, porque es muy importante. Pero en la película, pienso que no habría adquirido esa relevancia (la que le dio Tolkien, que es el creador de la historia) si hubiera aparecido menos en la pantalla. En ese sentido, creo que está justificada la introducción de determinadas escenas, por decirlo así, inventadas por los adaptadores, aunque hay algunas que quedaron muy forzadas.

De todos modos, por más que se haya conseguido el objetivo de dar a Arwen la relevancia que le corresponde –y de paso no malgastar el dineral que debió costar la contratación de una actriz de tal categoría–, tengo que decir que los sacrificios necesarios para este logro fueron muy grandes.

 

En primer lugar, se perdió una característica que me parece muy propia de Arwen y que, en mi opinión, la hace más bella y más digna del amor del heredero de Isildur. Me refiero a la virtud de la discreción. Es una persona que no busca hacerse notar, que no se exhibe, que permanece en segundo plano aunque su relevancia supera en mucho a la de otros como, por ejemplo, sus dos hermanos, que hacen bastante más ruido.

Por otro lado, hay otro sacrificio que quizás pasa más desapercibido. Pero no creo que yo sea el único que echa de menos a Glorfindel en la película. Su aparición es uno de los momentos inolvidables en mi primera lectura de El Señor de los Anillos. Ponía fin a muchas páginas de miedo y sufrimiento, y es una escena descrita con gran maestría. Entiendo que se haya prescindido de este personaje, como se prescindió de Tom Bombadil, pero no deja de ser una lástima.

 

 

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