Me parecen muy irresponsables todos los políticos, periodistas y opinantes que, ante los ataques contra la sede del Partido Popular en Sant Cugat -dos veces en menos de un mes-, se empeñan en reprochar la violencia al mismo partido que la padece. En lugar de condenar esos actos sin reservas, se han apresurado a comentar algo así como que ellos se lo han buscado. El discurso es más o menos como sigue: ¡No les hagáis caso! Ellos son quienes han provocado para luego hacerse las víctimas. Y estas provocaciones, ¿en qué consisten? Según ellos, en determinadas políticas que tendrían la secreta intención de terminar con la lengua y la cultura catalanas. Y terminan diciendo que quien siembra vientos cosecha tempestades.

Todo este discurso solo puede entenderse desde la incapacidad para comprender que otros pueden pensar honradamente de manera distinta. Al no entender los argumentos de sus adversarios políticos o ideológicos, les atribuyen intenciones ocultas y una maldad sin límites, para presentarlos como pérfidas personas enemigas de los ciudadanos. A mí mismo, que no pertenezco al Partido Popular, me han querido meter en el mismo saco diciéndome que sí pertenezco aunque solo sea por vínculos familiares. Pero eso me lo han dicho porque expreso unas ideas que no son capaces de comprender; y otro me acusó de faltar al respeto –no sé exactamente a quién– por expresar esas ideas.

Así las cosas, según cierto comentarista político la violencia no ha sido más que un modo equivocado –no tanto por ilegítimo como por ineficaz– de reaccionar ante quien consideran el enemigo. Y considerar a alguien el enemigo es lo mismo que odiarle. Y el odio engendra violencia.

Por eso me parece irresponsable que estos periodistas y políticos, ante los actos violentos contra la sede de un partido, en lugar de condenarlos sin ambages lo hagan con la boca pequeña y añadiendo que de todas maneras ellos se lo han buscado. Quizás esto no sea apología de la violencia, pero como mínimo es una peligrosa incitación al odio. Y me temo que la violencia que hemos visto es solo la punta del iceberg de un odio demasiado extendido en nuestra sociedad: no alentemos más el odio, porque eso nos traería más violencia.

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