¿QUÉ NOS DEJARÍA LA INDEPENDENCIA?

Hace ya más de una década, estuve en una reunión informal con Jordi Pujol, tan admirado por muchos, en el colegio mayor universitario donde viví durante algunos años de mi etapa de estudiante. Estábamos en pleno debate sobre el Estatut, y alguien le preguntó si, con la reforma que proponían, no se iba en la dirección de la descomposición de España en los pequeños territorios que ahora llamamos Comunidades Autónomas.
Pujol no captó el tono irónico de la pregunta, y respondió con aire soñador que a él, por gustarle, le gustaría que el mundo terminara en la “franja de ponent”. O lo que es lo mismo: para él, si de España solamente existiera Catalunya, mejor que mejor. Después de la marcha independentista de la Diada, me he acordado de este suceso, al hacerme la pregunta que a muchos les ha venido a la mente: ¿cómo sería una Catalunya independiente de España? Por mucho que se fuerce la historia, no es posible encontrar un momento en el que eso haya ocurrido; no hay precedentes.
Pero la línea política nacionalista de los últimos años nos puede dar una idea de lo que buscan. No solo quieren romper los vínculos políticos, sino también los culturales. Solamente los económicos preferirían conservarlos, por aquello de que “la pela és la pela”. Pero en el tema de la cultura han dado ya unos cuantos pasos: basta pensar en los esfuerzos que están haciendo por eliminar la lengua castellana de las escuelas y de las instituciones. Y lo padecemos los escritores catalanes que escribimos en castellano, pues muchos niegan que lo que hacemos sea literatura catalana.
Pero me resulta imposible imaginar una Catalunya sin todos los componentes puramente españoles que se dan en nuestra cultura. Son muchos los catalanes que han contribuido a la riqueza cultural de España, y Catalunya siempre ha estado presente y ha formado parte de la literatura y el arte españoles. Es verdad que Barcelona salió muy mal parada del enfrentamiento con Felipe V, pero nadie puede decir, con un mínimo de sentido común, que Catalunya habría sido menos española si hubiera ganado la guerra de sucesión el otro pretendiente.
Basándose en ese engaño, los nacionalistas consideran que lo español contamina. Sin embargo, lo catalán “purificado” se quedaría en muy poca cosa; de gran valor, sin duda, pero incomparable con la grandeza cultural alcanzada mientras hemos sido España. Sería interminable la lista de artistas, pensadores, historiadores y, en general, hombres de cultura, a los que habría que negar su condición de catalanes por haber escrito en castellano. ¿Queremos renunciar a todo eso? ¿Estamos dispuestos a empobrecernos culturalmente de ese modo, solo porque hay gente que no entiende lo que tenemos y defendemos? ¿Queremos dejar de ser lo que hemos sido siempre para ser solamente una pequeña parte de todo esto?

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