CUESTIÓN DE LIBERTAD

Libertad, libertad, libertad, libertad… repetía ayer el portavoz del Grupo Municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallés. Con esta insistente reclamación terminaba su última intervención en defensa de la moción para garantizar los conciertos a las escuelas de educación diferenciada. Era un modo de intentar que a los partidos de izquierdas les entrara de una vez en la cabeza que esta es una cuestión de libertad.
Y es que da la impresión de que a esos partidos no les gusta demasiado esta palabra, o no la entienden a menos que se esté hablando de que ellos puedan hacer e imponer lo que les dé la gana. No les gusta la educación diferenciada y, como no pueden pedir que se prohíba, reclaman que se le retire cualquier tipo de subvención. Para justificarse, intentan presentar el tema como una cuestión de igualdad y presuponen la discriminación sin preocuparse lo más mínimo de demostrarla.
Pero no toda separación supone una discriminación. Si fuera así, todos los niños y niñas tendrían que estudiar en la misma escuela, lo que evidentemente es absurdo. Para que haya una discriminación, tiene que ocurrir que a alguien se le niegue la posibilidad de recibir algo que se le da a otro en su misma situación. En el caso de la educación, que una escuela solo admita a varones no significa que las niñas se queden sin ir al colegio. Afortunadamente, hay muchas otras escuelas: públicas, concertadas y totalmente privadas. Al menos es así en Sant Cugat, la ciudad donde ayer tuvo lugar el debate que suscita esta reflexión.
Allí existen escuelas diferenciadas, tanto masculinas como femeninas, y mixtas. Todas las diferenciadas tienen concierto, mientras de las otras hay de todo. Algunos quisieran que se retirara el concierto a las primeras, porque en realidad lo que quieren es que ni siquiera existan. El motivo se le escapó a una concejal de ICV: es que son católicas. Pero no vamos a discutir el evidente derecho que tienen los católicos a fundar un colegio; me basta con mencionarlo para señalar el ondeante y colorido plumero que asomó en algunos momentos del debate.
Un plumero que nos sirve para comprender que se trata de una cuestión de libertad. Porque a veces intentan camuflar las plumas alegando que la separación se basa en motivos religiosos, lo que simplemente es falso. Por eso lo dicen con la boca pequeña, dado que no tienen ni datos ni argumentos para demostrarlo. Pero eso no quita que les reviente que haya escuelas católicas, con lo que insisten incluso con descalificaciones, como ese concejal del PSC, que se empeñaba en referirse a las escuelas diferenciadas como “escuelas de discriminación por género”. Ese uso de la descalificación, además, es otro ataque a la libertad; en este caso, a la de tener cada uno sus propias convicciones, también en pedagogía.
Porque las razones de la separación son pedagógicas. En este campo, la única que alegaron en el debate los que se oponían a la moción consistía en advertir que no está demostrado científicamente que la educación diferenciada sea mejor que la mixta. Pero, ¿desde cuándo se puede prohibir algo solo porque no se ha demostrado que sea mejor que la alternativa? Yo diría que, si no se ha demostrado que una supera a la otra, el Estado tiene que considerarlas iguales: no puede prohibir ninguna de las dos.
Por otra parte, las escuelas diferenciadas –al menos las que hay en la zona de Sant Cugat– están todas bastante llenas, lo que significa que hay una cierta demanda social de ese tipo de escuelas. Si hay gente que las quiere, ¿por qué prohibirlas? Cínicamente dirán que nadie habla de prohibir, sino que cada uno es muy libre de llevar a sus hijos donde quiera, pero que si quieren llevarlos a escuelas diferenciadas, que paguen. Conclusión: libertad sí, pero solamente para los ricos. No me suena muy de izquierdas.
Para terminar, un simple dato de experiencia: resulta que a los profesionales de la educación que eligen la educación diferenciada, el sistema les funciona. Es algo que he comprobado en primera persona, pues llevo ya unos cuantos años vinculado al ámbito de la educación. Por eso repito la reclamación del concejal: libertad, libertad, libertad, libertad…

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