Ahora, ¿qué? Es una de las primeras preguntas que me vino a la mente el domingo por la noche, después de ver el resultado de las elecciones catalanas. Viendo las encuestas, habría previsto que CiU se iba a quedar más o menos igual que antes, y ya me preguntaba qué iba a pasar después. Al ver el desplome del partido que aspiraba a la mayoría absoluta, el interrogante recibía la compañía del signo de exclamación con el que se señala la sorpresa.
Por lo tanto: ¡Ahora, ¿qué?! No sé si he puesto correctamente los signos de puntuación, pero me gustan así… Pero, cuestiones ortográficas a parte, la reflexión de los días posteriores añade una sensación de inquietud. Lógicamente, me alegro de que Mas haya fracasado, porque de los calificativos que merecía su proyecto, muy pocos eran positivos, y estos siempre accesorios, referidos a los medios, más que al fin. Y si el fin no justifica los medios, figurémonos al revés.
De manera que espero que Mas no se recupere políticamente de este fracaso. Quizás suena un poco fuerte, pero me parece que ha hecho mucho daño, y nos ha dejado en una situación incierta. En medio de una crisis económica durísima, hemos pasado de tener un gobierno fuerte, con el apoyo de casi la mayoría absoluta de los diputados, a un Parlament donde ningún partido se acerca  a la mayoría. Cada medida del gobierno tendrá que ser negociada y pactada. La cuestión es, ¿con quién?
Ya empieza a verse bastante claro que, a pesar de lo que pudiera parecer a primera vista, el pacto de CiU con ERC no es tan fácil. Es cierto que Mas centró toda su campaña en la propuesta del Estado propio, y que Esquerra sería el único partido que le apoyaría si quisiera seguir con ese proyecto (que, de hecho, es lo que parece que quiso decir Mas en su discurso postelectoral). Sin embargo, en el aspecto económico son partidos con planteamientos opuestos. En el día a día, ese gobierno no parece que pueda durar mucho. El propio Duran i Lleida ya ha advertido que no sería extraño que las próximas elecciones también sean anticipadas.
Además, también es preciso tener en cuenta que si Unió apoyó el proyecto soberanista es porque no tenían más remedio. Llevan tanto tiempo pegados a Convergència que es probable que si se separaran desaparecieran. Con demasiada frecuencia han cedido en cosas que no tendrían que ser negociables, y han perdido identidad. Y si no tienes identidad no eres nadie. Los de Unió no son nadie. Jurídicamente son un partido. Políticamente, si se separaran de Convergència quedarían fuera del Parlament. Por eso, cuando Mas se echó al monte, no tuvieron más remedio que seguirle, aunque fuera a regañadientes y con un refunfuño mal disimulado.
Y ahora deben estar que trinan. De hecho, no se puede descartar la posibilidad de que la gente de Duran i Lleida intente forzar la dimisión de Mas que, al fin y al cabo, es el principal culpable de que ahora tengan cincuenta diputados en lugar de sesenta y dos. Y es que, después de semejante tortazo, a CiU le costará levantarse. No me parece fácil que logre remontar en una legislatura, y menos gobernando en las condiciones en las que se ha quedado en el Parlament.
Todo parece indicar que seguirán aferrándose a su irrealizable proyecto del Estado propio y a las pocas poltronas que les quedan, pues el PSC ya ha dicho que no apoyará a Mas; y del PP ni se habla. Parece bastante lógico, cuando todo el lío empezó cuando Mas se presentó en la Moncloa con un mentón que sobresalía más que la nariz de Pinocho al mentir, y diciendo que si no se aceptaba el pacto fiscal tal como él proponía, el Estado tendría que atenerse a las consecuencias.
Creo que a estas alturas, todo el mundo ha aceptado que en realidad Mas no pretendía negociar, sino que iba allí para cumplir una mera formalidad. Pero puede ser que ahora no le quede más remedio. Porque el gobierno que tiene enfrente sí tiene mayoría absoluta y, cuando se trata de frenar al independentismo, cuenta con un apoyo social que, además de ser apabullante si consideramos el conjunto del Estado, tampoco es despreciable si solamente nos fijamos en Catalunya.
A corto plazo, quizás les parezca mejor seguir lanzando soflamas y lemas que exaltan el odio a España. Pero ese es el camino a ninguna parte. Para tirar por ahí, las recientes elecciones les han dejado con menos apoyo del que tenían antes, incluso considerando la subida de ERC. Solo podrían decir que ha subido el apoyo (aunque sea un poquitito) a ese tipo de discurso si le aplican el resultado de las CUP, lo que creo que sería tremendamente demagógico. En cualquier caso, me parece claro que para ese viaje no hacían falta alforjas. Y además no se parece en nada la mayoría excepcional que pedían.
Por eso, si en CiU fueran capaces de abrir los ojos y mirar la situación con un poco de perspectiva  de futuro, verían que el único camino abierto por el que se puede llegar a algún sitio pasa por negociar con el PP. Ya se sabe que no les gusta, pero no parece que tengan mucha más opción. Han hecho el ridículo de mala manera, y solo algún gesto que indique que se han dado cuenta puede terminar devolviéndoles un poco de credibilidad, si con eso consiguen algo para Catalunya. Y eso es posible solo contando con quien puede darles algo para Catalunya, o sea, el PP que tiene mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados.
Por otro lado, si miran un poco al pasado, también verán lo que les pasó a los últimos que pactaron con ERC. En el 2003 sacaron cuarenta y seis diputados, si no me equivoco. En el 2006, treinta y siete diputados. En el 2010, veintiocho. Ahora, veinte. Y bajando… ¿De verdad CiU se arriesgará a que le pase lo mismo? Espero que no, porque mientras tanto la crisis todavía no está resuelta: no podemos permitirnos más experimentos con gaseosa.

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2 comentarios sobre “NO MÁS EXPERIMENTOS

  1. No puedo estar más de acuerdo. Desde las elecciones no he leído nada más coincidente con lo que pienso (¿será cuestión de genética?). Pero tú has ido más allá. No se me había ocurrido que lo que más conviene a Mas es pactar con el PP, aunque es una gran verdad muy bien vista. Que pena que la enorme venda que este señor tiene en los ojos le impida verlo.

    1. Será genética… En cualquier caso, lo que digo es que eso es lo que le conviene a los catalanes. En comparación con eso, me importa bastante poco lo que le convenga a Mas: él sabrá lo que quiere.

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