A la tercera va la vencida. Al tercer intento he conseguido enganchar con Crimen y Castigo, de Dostoievski, a pesar de una especie de sentimiento de repulsión que solo me deja en paz en algunos momentos de la lectura, cuando los hechos que se cuentan son acciones genuinamente buenas de los personajes, sin que ellos mismos sean necesariamente buenos. Algunos lo son, a pesar de defectos menores. Otros son unos corruptos y unos desgraciados, pero capaces de hacer el bien en algún momento. Queda alguno que no llega ni siquiera a eso.
No me queda duda de que es una novela con mucha fuerza. Ya lo sabía antes incluso de mi primer intento de leerla. Por eso volví a intentarlo una segunda, y hasta una tercera vez. Ya es un tópico la consideración de que Dostoievski es un maestro en la descripción de la psicología humana. Además, me doy cuenta de que el relato tiene una extraordinaria potencia narrativa: entre los muchos detalles que señala en sus descripciones, tanto del mundo interior de los personajes como de las circunstancias exteriores en que se encuentran, ninguno es superfluo. Todo tiene su importancia en la historia.
Comprendo que la novela tiene méritos para figurar en las listas de las obras más importantes de la literatura universal, pero aun así a medida que la voy leyendo, me voy reafirmando en una convicción que crece después de cada página: prefiero a Dickens. También es un maestro en la narración. Quizás no alcance el nivel de perfección técnica de Dostoievski, pero me parece que su visión de la vida humana se ajusta más a la realidad.
El ruso presenta de un modo clarísimo el drama humano, lo poca cosa que somos a pesar de lo mucho a que aspiramos. Solo en al terminar se ve una luz al final de un túnel de negra desesperación, con un último párrafo como el que sigue:
“Pero aquí empieza otra historia, la de la lenta renovación de un hombre, la de su regeneración progresiva, su paso gradual de un mundo a otro y su conocimiento escalonado de una realidad totalmente ignorada. En todo esto habría materia para una nueva narración, pero la nuestra ha terminado”.
Al leerlo, enseguida me ha venido a la mente que ésa historia habría sido mucho más interesante que la contada, que trata sobre cómo un hombre degenerado se degrada todavía más. Agradezco que me diga que luego se curaría, pero me habría gustado saber cómo. Probablemente, ésa es la historia que Dickens habría contado.

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