Heredero copyEl Reino de la Estrella ha disfrutado de la paz durante demasiado tiempo. Las únicas amenazas a la tranquilidad de esas tierras venían del norte, de unas tribus sin organización ni cultura, que periódicamente intentaban invadir el reino, pero apenas causaban daños a un ejército numeroso y bien preparado como el que protegía las seis ciudades de Insmir, Fuir, Nurm, Esmir, Olmir y Lumin.

Sin embargo, durante unos años, fue extendiéndose el temor, sobre todo entre las gentes de Fuir –la más septentrional de las ciudades–, porque los ataques de las tribus del norte se hacían cada vez más intensos y más frecuentes. Finalmente, aparecieron los orcos. Fue la ayuda de hombres como Meneltar, el Anciano de Fuir, lo que puso a los príncipes sobre aviso. Él era uno de los pocos habitantes de la ciudad que no había olvidado las leyendas. Él consiguió convencer a Aldamir, príncipe de Lúmin, para que acudiera a la llamada de auxilio que Felmor, desde Fuir, dirigió a todos los príncipes, sin siquiera hacerse cargo de cuánto necesitaba la ayuda que requería.

Si no hubiera sido por Aldamir y su gente, los únicos en todo el reino que todavía respetaban las antiguas tradiciones, no habrían podido enfrentarse al terrible enemigo que resurgía de las leyendas. Si Aldamir no hubiera respondido a la llamada, no  habría podido asegurar a continuidad de su dinastía. Ya los elfos, siglos atrás, habían compuesto canciones sobre la victoria; pero a veces no es posible adivinar cómo se hará verdad lo que dicen las canciones.

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