Bergil

Bergil es quizá un personaje bastante típico. El típico joven soldado que lleva acabo hazañas de gran renombre, a pesar de su inexperiencia. Tiene que vencer los típicos temores de los típicos muchachos que se encuentran arrastrados por las circunstancias a convertirse en héroes legendarios. Es un tema muy recurrido en la literatura, y más aún en el género de fantasía y aventuras. Pero es un tema sobre el que no creo que llegue a cansarme de leer ni de escribir. Es el tema de la vida humana. Todos nos vemos envueltos en situaciones que requieren algún tipo de heroicidad; quizás no habrá muchos que merezcan que su historia sea contada como una leyenda, pero eso no quita nada a los méritos de las hazañas que todos podemos y debemos realizar. No todos lo consiguen; y los que fracasan son más desgraciados.

Pero volvamos a Bergil. No me importa reconocer que es un personaje típico. Pero cada personaje típico es, en cierto modo, único, porque cada uno depende de la creación literaria de un autor distinto. De manera que Bergil es, por así decirlo, mi propio personaje típico, alguien que solamente podía surgir de mi imaginación. Cualquiera que hubiese inventado otro Bergil no habría logrado inventar nada más que eso: otro Bergil. De hecho, no pocos recordarán que hay otro personaje con ese nombre en una historia mucho más famosa que la que yo escribí. En efecto, el hijo de Beregond se llamaba Bergil; es uno de los personajes secundarios más entrañables de El Señor de los Anillos. La coincidencia en el nombre se debe a una broma de mi subconsciente. Cuando yo escribía mi historia, ni siquiera pensaba en el simpático jovencito de Minas Tirith, y no me di cuenta de la coincidencia del nombre hasta que un amigo me lo advirtió, cuando estaba a punto de publicarse Bergil, el caballero perdido de Berlindon. Me hizo gracia, y no consideré necesario cambiar nada, puesto que las coincidencias entre un personaje y otro son muy limitadas.

Otra vez me he ido por las ramas, y me estoy olvidando de mi propio y querido Bergil. Este joven soldado tuvo que enfrentarse a un drama terrible: su padre fue asesinado cuando él no tenía más que diez años. Antes de refugiarse en las montañas, juró vengarse; pero más adelante comprendió que, aunque hubiera conseguido matar al homicida, de aquel modo no podría curar la herida que habían abierto en su alma inocente. Entonces temió encontrarse de nuevo con el asesino, pues pensaba que el odio podía arrastrarle a buscar una venganza muy difícil de conquistar, y con la que no tenía nada que ganar.

Aun así, el encuentro se produjo, pero fue muy distinto a lo que hubiese podido imaginar en sus más descabellados sueños. La prudencia y el coraje de Bergil tuvieron que manifestarse de un modo totalmente inesperado y sorprendente, pero fueron determinantes para el resto de sus días y para la salvación de todo el reino de Berlindon. Con ese mismo coraje asumiría después la responsabilidad de cumplir una misión con la que muy pocos se habrían atrevido a enfrentarse. Con esa misma prudencia organizó la defensa de una ciudad que contaba con unas huestes muy reducidas y parecía abandonada en manos de un enemigo poderoso.

Un amigo me dijo una vez que veía en Bergil al joven que a mí me gustaría ser. Es posible que tuviera razón, aunque yo nunca me identifiqué de modo consciente con este personaje mientras escribía su historia. Sus rasgos físicos los tomé prestados de otro amigo. Y en cuanto a su carácter, lo único que sé decir es que Bergil apareció en mi mente con su coraje, su prudencia, sus grandes cualidades, y con unos dramas y una historia que me pareció que merecía la pena contar.

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9 comentarios sobre “Bergil

  1. Hola!
    Quiero felicitarte por tu libro, soy alumna de 3º de Secundaria y aunque el proyecto de bambú es dirigido a alumnos de educación primaria, lo considero uno de los mejores que he leído; ya que la relación que existe entre la historia y Dios me ha puesto a reflexionar sobre lo que he hecho con mi vida y quiero hacer en adelante.
    ¡Muchísimas gracias por compartirlo con México!.

    1. ¡Vaya! Me alegro de que te hayas fijado en ese aspecto, y de que te haya ayudado tanto. Este es uno de los comentarios más gratificantes que me han llegado acerca del libro, o sea que muchas gracias también a ti.

  2. hola también quiero felicitarte por tu libro ya que me hizo reflexionar mucho, fue muy gratificante poder leerlo, estoy en 6° de primaria y es uno de los mejores libros que he leído. gracias por hacer volar mi imaginación. ¡fue una experiencia fabulosa!

    1. Gracias por la felicitación. Si llegas a alguna conclusión en tus reflexiones, ya me contarás… Mientras tanto, sigue volando por la literatura. Te recomiendo El hobbit, de Tolkien (si puedes, antes de que se estrene la película).

    1. Muchas gracias. Es muy animante recibir este tipo de comentarios. Espero publicar pronto otro libro (todavía mejor, si es que he sido capaz de aprender algo en los años que han pasado desde que escribí “Bergil”) y ojalá que puedas leerlo.

  3. José, si yo utilizo el Nombre de Bergil en diversos juegos, y destaco el origen del nombre del personaje, ¿No habrá problemas por que utilice el nombre?

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